Llorar es arriesgarse a parecer un sentimental.
Buscar al otro es arriesgarse a comprometerse.
Expresar los sentimientos es arriesgarse a ser rechazado.
Exponer los sueños ante una multitud es arriesgarse a ser ridículo.
Amar es arriesgarse a no ser correspondido.
Avanzar ante obstáculos abrumadores es arriesgarse a fracasar.
Pero se deben correr los riesgos porque el peligro más grande en la vida es no arriesgarse a nada.
La persona que no arriesga nada, no hace nada, no tiene nada, no es nada. Podrá evitar el sufrimiento y la tristeza pero no puede aprender, sentir, cambiar, crecer ni amar.
Solo es libre la persona que se arriesga.


