jueves, 18 de junio de 2009

Arriesgarse

Reír es arriesgarse a parecer un tonto.
Llorar es arriesgarse a parecer un sentimental.
Buscar al otro es arriesgarse a comprometerse.
Expresar los sentimientos es arriesgarse a ser rechazado.
Exponer los sueños ante una multitud es arriesgarse a ser ridículo.
Amar es arriesgarse a no ser correspondido.
Avanzar ante obstáculos abrumadores es arriesgarse a fracasar.
Pero se deben correr los riesgos porque el peligro más grande en la vida es no arriesgarse a nada.
La persona que no arriesga nada, no hace nada, no tiene nada, no es nada. Podrá evitar el sufrimiento y la tristeza pero no puede aprender, sentir, cambiar, crecer ni amar.
Solo es libre la persona que se arriesga.



lunes, 1 de junio de 2009

Los sentimientos

Cuentan que una vez, se reunieron en un lugar de la Tierra todos los sentimientos y cualidades de los hombres. Cuando el aburrimiento había bostezado por tercera vez, la locura, como siempre tan loca, les propuso: - “¿Jugamos al escondite?”.La intriga levantó las cejas intrigada y la curiosidad, sin poder contenerse, preguntó: - “¿Al escondite? ¿Y cómo es eso?”. - “Es un juego - explicó la locura- en el que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón, mientras ustedes se esconden, y, cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes al que encuentre ocupará milugar para continuar el juego.”El entusiasmo bailó secundado por la euforia; la alegría dio tantos saltos que terminópor convencer a la duda, e incluso a la apatía, a la que nunca le interesaba nada.Pero no todos quisieron participar: la verdad prefirió no esconderse, ¿para qué?, si al final siempre la encontraban; y la soberbia opinó que era un juego muy tonto, pero enel fondo lo que le molestaba era que la idea no hubiese sido suya; y la cobardía prefirió no arriesgarse.
- “Uno, dos, tres,...” - comenzó a contar la locura.La primera en esconderse fue la pereza que, como siempre, se dejó caer tras laprimera piedra del camino. La fe subió al cielo y la envidia se escondió tras la sombradel triunfo que, con su propio esfuerzo, había logrado subir a la copa del árbol más alto.La generosidad casi no alcanzaba a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos: que si un lago cristalino, ideal para la belleza; que si la rendija de un árbol, perfecto para la timidez; que si el vuelo de una mariposa, lo mejor para la voluptuosidad; que si una ráfaga de viento, magnifico para lalibertad. Así que terminó por ocultarse en un rayito de sol.El egoísmo, en cambio, encontró un sitio muy bueno. Desde el principio lo encontró ventilado, cómodo, eso sí, sólo para él.La mentira se escondió en el fondo de los océanos. ¡Mentira! En realidad se escondió detrás del Arco Iris. Y la pasión y el deseo en el centro de los volcanes. El olvido... seme olvidó dónde se escondió, pero, bueno, eso no es lo importante.
Cuando la locura contaba novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve, el amor aún no había encontrado sitio para esconderse, pues todo se encontraba ocupado. Hasta que divisó un rosal, y, enternecido,
Decidió esconderse entre sus flores. - ¡¡¡Un millón!!! - gritó la locura.Y comenzó a buscar. La primera en aparecer fue la pereza, solo a tres pasos de lapiedra. Después se escuchó a la fe discutiendo con Dios en el cielo sobre zoología ya la pasión y al deseo los sintió en el vibrar de los volcanes.En un descuido, encontró a la envidia y, claro, pudo deducir donde estaba el triunfo.Al egoísmo no tuvo ni que buscarlo, él solito salió disparado de su escondite, quehabía resultado ser un nido de avispas.De tanto caminar, sintió sed, y, al acercarse al lago, descubrió a la belleza. Y con la duda resultó ser más fácil todavía, pues la encontró sentada sobre una cerca sin decidir aún de qué lado esconderse.Así fue encontrando a todos: el talento entre la hierba fresca; la angustia en unaoscura cueva; la mentira detrás del Arco Iris... ¡mentira!, si ya estaba en el fondo del océano; y hasta al olvido, al que ya se le había olvidado que estaba jugando alescondite.Pero sólo el amor no aparecía por ningún sitio. La locura buscó detrás de cada árbol, bajo cada arroyuelo del planeta, en la cima de las montañas, y cuando iba a darse por vencida, divisó un rosal y sus rosas. Tomó una rama y comenzó a moverla cuando, de pronto, un doloroso grito se escuchó. Las espinas habían herido en los ojos al amor. La locura no sabía qué hacer para disculparse: lloró, rogó, le pidió perdón y hasta prometió ser su lazarillo.Y ya entonces, desde que por primera vez se jugó al escondite en la tierra...


El amor es ciego y la locura siempre lo acompaña...